Qué tal señora, cómo estamos, bien? Aquí Sanjuan al aparato.

Soy un exgordo que un día decidió levantarse del sofá. O más bien, al que la vida levantó del sofá a mamporrazos. En 6 meses de diferencia, mi madre murió de cáncer; me echaron de la radio donde llevaba 7 años trabajando y que más que un trabajo era una vida; me despidieron de una empresa que estábamos montando con unos colegas; y la novia me dejó.

Cuando mi madre murió llevaba meses ahorrando para comprarse un equipo de esquí nuevo, el único hobbie que tenían con mi padre a parte de trabajar para sus hijos. La puta vida quiso que el mes que tenía que cobrar la primera paga de la jubilación con la que iba a comprarse esos esquís nuevos fuera el mes en el que la enterramos. El equipo de esquí sigue criando polvo en un escaparate de una tienda de deportes.

A partir de ahí mi hermana y yo aprendimos que está muy bien hacer listas y planes de futuro. Pero si se te cae un piano en la cabeza antes, a la mierda las listas. Y decidí hacer mi propia lista, pero no para cumplir a 10 años vista, o algún día. Sino mañana. En dos meses había un Ironman en Lanzarote y decidí apuntarme.

Desde que crucé la meta de ese Ironman con mi hermana entendí que esa era la vida que quería llevar. Vivir aventuras por todo el mundo, en las carreras más duras, y enseñarlo en un canal de youtube. No imaginaba que a día de hoy los vídeos llevarían más de 60 millones de reproducciones. Y cuando la gente me decía que estaba loco pensaba: bendita locura.

En estos 4 años de carreras imposibles acabé 5 ironmans en 5 días justo el día siguiente de acabar la Titan Desert, Marathon des Sables, Ultramans en Gales y Hawaii en el Campeonato del Mundo, 2 Titan Tropic, 2 Titan Desert, Ultra Pirineu, los 770km non stop de la Madrid Lisboa en 55 horas sin dormir, y otras aventurillas en Taiwan, Mongolia, Argentina, Chile, Sierra Nevada...

Pero esto que suena tan épico no son más que nombres y números en una estantería, pero no en el corazón. Si con algo me quedo es con las personas que conocí en todos estos desafíos. Cuerpos sin piernas que hacían esas mismas carreras que yo con una sonrisa. Personas que habían tenido que superar dos cánceres y que ahora se enfrentaban al desierto. Mujeres que peleaban en bici para salvar la vida de su hijo enfermo. Y esta vida me enganchó: la vida de esos que decidieron vivir. Sin condiciones. Sin límites. Sin excusas. Sin otra opción. Sin sofás.

Y eso intento a diario: seguir rodeándome de estos locos. Aprender de ellos. Y contagiaros su locura a través de un vídeo diario. Espero conseguirlo, algún día. Y ser feliz.

Menos cabeza, más corazón.
Creo.